Saturday, May 16, 2009

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Me había acostado un rato, y me dispuse a dormir. Pero cuando ya estaba entre sueños, envuelta en el silencio, lo escuché: Un gatito que maullaba sin cesar.
Pensé que podía ser el que tienen en el departamento de en frente, que a veces se escucha; aunque mi cuarto está en la otra punta, y no se escucharía tan fuerte. Sin cesar.
Entonces, intenté ignorarlo. Pero seguro era de la calle, tres pisos abajo, que sí suele escucharse todo...

Y, obviamente, no podía ignorarlo. Conociéndome, tarde o temprano iría a investigar; así que me levanté sin perder más tiempo, me abrigué y salí de mi habitación.
Me asomé al pasillo y nada. Me asomé al balcón y, efectivamente, el llanto venía de afuera; entonces me abrigué más, y luego bajé.

Busqué en ambas veredas, cruzando la calle, y en sus respectivos árboles; y cuando estaba a punto de volver a entrar (dispuesta a buscarlo por el edificio) lo vi.
Escondido entre las plantas bajo un árbol, me miró. Me acerqué sigilosamente, pero el minino huyó bajo un auto y, cuando me agaché para no perderlo de vista, se trepó al motor.

Estuve un buen rato llamándolo con todas las onomatopeyas de amor existentes (e incluso un falso maullido que me sale hacer apoyando los dientes sobre el labio inferior y levantando el superior); pero él se limitó a responderme despacito desde su lugar oculto. Incluso cuando yo callaba él se ponía a gritar de nuevo. Pero no salió.

Decidí llamar a mi hermano para que baje un poco de atún y ver si podíamos atraerlo. Pero tampoco. Tenía miedo de nuestra presencia.
Intentamos estirar el brazo abajo del auto pero, además de que parecía que queríamos robarlo, no lo alcanzábamos.
Sólo en un momento bajó y se acercó al plato, pero entonces apareció un perro y corrió a esconderse otra vez.

Mi hermano subió; pero yo no iba a dejarlo solo, y menos con el frío que hace. Así que me alejé del auto y dejé el alimento en un lugar donde pudiera verlo cuando se decidiera a salir.
Y, luego de otro buen rato observando paciente, salió. Lo dejé comer tranquilo y cuando estaba concentrado terminando me acerqué. Trató de huir nuevamente; pero, debido a mi escasez de opciones, lo agarré a la fuerza. Y chilló como animalito del bosque capturado por un depredador, aferrándose con todas sus fuerzas al asfalto duro y retorciéndose entre mi mano firme.
Yo temí que me mordiera, pero logré despegarlo del suelo sin lastimarnos y lo sostuve en brazos. Y, para mi sorpresa, una vez que estuvo envuelto en mi calor, se quedó tranquilo y empezó a ronronear.

Ahora me tocaba lidiar con mi madre histérica que me esperaría cruzada de brazos en la puerta.

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4 verdades:

Matías Ugarriza said...

Espero que le hayas dado mis arropes...

:) Abrazo para ti.

Yogo said...

Me encantó la historia. Sos muy tierna y buena. Me hiciste feliz.

An · said...

Wow...
Y a mí me hace muy feliz hacerte feliz, seas quien seas.

Gracias ♥

Srito Ale said...

Antes por aca habia muchos gatos, entre todos los vecinos eran almentados cada dia.
No se que paso, pero ahora q lo pienso no hay gatos en la calle...
perros no era el tema, pero tampoco se estan viendo
o_o

saludos

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